La Promesa

El 12 de diciembre de 1930, pasado el tiempo de su noviciado Madre María Inés Teresa fue admitida a su profesión temporal que se llevó a cabo en la Iglesia de Santo Toribio, en Los Ángeles, California.

Este día vivió una experiencia mística; escuchó interiormente una promesa de la Santísima Virgen de Guadalupe, ante cuya imagen solía orar.

"Si entra en los designios de Dios, servirse de ti para las obras de apostolado me comprometo a acompañarte en todos tus pasos, poniendo en tus labios la palabra persuasiva que ablande los corazones, y en éstos la gracia que necesiten, me comprometo además por los méritos de mi Hijo, a dar a todos aquellos con los que tuvieres alguna relación, aunque sea tan solo en espíritu, la Gracia santificante y la perseverancia final".