BIOGRAFÍA

MARIA MANUELA DE JESÚS ARIAS ESPINOSA

María Manuela de Jesús Arias Espinosa, nació en Ixtlán del Río, estado de Nayarit, México, el 7 de julio de 1904. La familia Arias Espinosa, originaria de Guadalajara, Jalisco, se encontraba en Ixtlán del Río por razones de trabajo del padre. Manuelita fue bautizada en la parroquia de Santiago apóstol dos días después de su nacimiento.

Manuelita pasó su infancia y adolescencia en las ciudades de Guadalajara y ciudad Guzmán, junto consus padres y hermanos. El 8 de diciembre de 1911 hizo la Primera Comunión en la ciudad de Guadalajara.

En octubre de 1924, durante la celebración del Congreso Eucarístico Nacional en México, Jesús tocó fuertemente el corazón de Manuelita, quien vivió una experiencia espiritual tan profunda, que desde ese momento no pensó otra cosa que “ser toda de su Dios”, atraída fuertemente por Jesús, en la Eucaristía. En los tiempos muy difíciles para los católicos de nuestro país, durante la furia de la persecución religiosa, Manuelita se consagró al Amor Misericordioso de Dios como víctima de holocausto, ofreciéndose por la salvación de México y del mundo entero. Con la lectura de “Historia de un Alma”, la autobiografía de Santa Teresita del Niño Jesús, Manuelita decidió ingresar a la Vida Religiosa para ser como la Santita de Lisieux: Misionera secreta por la oración y el sacrificio. Su vida desde entonces fue totalmente Eucarística y Misionera.

Ingresó con las Clarisas Sacramentarias del “Ave María” el 7 de junio de 1929, cuyo Monasterio se encontraba exiliado en Los Ángeles, California.

 

El 8 de diciembre del mismo año inició el noviciado, en donde recibió el nombre de Sor María Inés Teresa del Santísimo Sacramento. 

 

Un año más tarde, el 12 de diciembre de 1930 estando aún en Los Ángeles, California, hizo su Profesión Religiosa y en este día vivió una fuerte experiencia espiritual que nunca olvidaría. De labios de una imagen de la Virgen de Guadalupe percibió estas palabras:

«Si entra en los designios de Dios servirse de ti para las obras de apostolado, me comprometo a acompañarte en todos tus pasos,poniendo en tus labios la palabra persuasiva que ablande los corazones,  y en estos la gracia que necesiten; me comprometo además, por los méritos de mi Hijo, a dar a todos aquellos con los que tuvieres alguna relación, y aunque sea tan sólo en espíritu, la gracia santificante y la perseverancia final…»

Esta experiencia mariana marcó fuertemente su vocación misionera, aunque en aquel momento Sor María Inés no comprendió tan profundo significado. En medio de la austeridad y pobreza del claustro, se dedicó a ser misionera contemplativa para salvar almas, irradiando alegría sencillez y entusiasmo a su alrededor en un amor a Dios bajo la mirada constante de María. En 1933 habiendo regresado la comunidad a México, Sor Ma. Inés Teresa del Santísimo Sacramento emitió sus Votos Perpetuos. Su ideal misionero fue creciendo y en el silencio de la oración y el trabajo se fue preparando la obra misionera que Dios le había inspirado a través de aquella Promesa de la Santísima Virgen de Guadalupe.

En 1940 expuso a la Madre Abadesa sus inquietudes misioneras, quien la invitó a hacerlo a las autoridades eclesiásticas correspondientes. Después de una serie de pruebas y sufrimientos, pero siempre guiada por la rectitud y obediencia para buscar solamente la voluntad de Dios, fue recibida por el Sr. Obispo de Cuernavaca, Don Francisco González Arias, como un Monasterio de Clarisas con miras a transformarse en Congregación Misionera. Él mismo solicitó a la Santa Sede dicha fundación, que vino a ser concedida el 12 de mayo de 1945. En agosto del mismo año, la Madre Ma. Inés partió a Cuernavaca con cinco religiosas del Monasterio del Ave María que libremente quisieron acompañarla, con la autorización de la Abadesa. De esta manera se hizo realidad aquel anhelo inspirado por Dios.

Fue beatificada el 21 de abril de 2012 en la Basílica de Guadalupe de Ciudad de México.

Dios siguió tocando a la puerta del corazón de Madre Inés y fueron naciendo las demás obras que ahora forman la llamada «FAMILIA INESIANA» que bajo el lema adoptado por ella misma: “Oportet Illum Regnare”, es decir: “Es urgente que Cristo reine” (1 Cor 15,25),  se encuentra esparcida en el mundo entero, llevando la palabra de Dios bajo el carisma «Misionero-Contemplativo» que el Espíritu Santo suscitó en la Madre María Inés Teresa Arias del Santísimo Sacramento, viviendo en alegría y sencillez una espiritualidad eucarística, sacerdotal,mariana y misionera en la condición vocacional específica de sus miembros. La Madre Inés murió como había vivido: en serenidad, sencillez y abandono en las manos del Padre, el 22 de julio de 1981, en la ciudad de Roma. Su vida fue un himno de amor y gratitud a la Santísima Trinidad.